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Él teje y desteje lo aprendido

Con la mirada concentrada en el movimiento de zig zag del estambre verde pasto entre los clavos del bastidor rectangular, Omar Guzmán Moreno comenta en la mesa, dónde teje junto con otros compañeros, que el asumió la cocina a sugerencia de su abuela: “Aprende a cocinar, por si no te casas”. La aparente inocua y positiva sugerencia ocultaba un rasgo del patriarcado que se desmenuzaba esa tarde soleada de mayo en un patio del Centro Histórico de Matamoros. Precisamente ese era el objetivo de la sesión: sentarse a tejer y destejerse, revelando patrones y estereotipos de un sistema vinculado con la opresión de un género, pero también con la carga sobre los propios hombres, en una suma de violencia, abuso y muerte. 

 

Tejer no es una actividad que se encuentre entre los pasatiempos u objetivos de los hombres. Aún menos en un país y en una región donde “ser muy macho” se vincula con la forma de vestir, comportarse o las actividades que se desarrollan durante el día. “Esas son cosas de viejas”, es una de las frases que se discuten en la mesa de tejido. Heriberto Martínez, mientras jala la bufanda color verde que ya asoma de la ranura de la tejedora de madera, subraya: “La verdad no hay cosas de hombres y cosas de mujeres”. Es uno de los tantos estereotipos que, al darles la vuelta, se hayan los dramáticos hechos de violencia que cada día sufren miles de mujeres en México y que ha llevado a las grupos feministas a responder de manera contundente a lo largo de numerosas ciudades del país frente a una autoridad y sociedad ajena, complice u omisa. 

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Heriberto y Omar tejen junto con Andrés Cárdenas, Pablo Bernal, Oscar Misael Hernández Hernández y Andrés Pérez, en una ciudad dónde se ha ido replicando el movimiento feminista nacional, y un estado dónde se asegura que no hay feminicidios. Sin embargo, en los primeros cuatro meses de este año 21 mujeres murieron en forma violenta en Tamaulipas, pero sus crímenes se clasificaron como homicidio doloso, reportó la periodista Cristina Gómez en Milenio Diario.

 

En la información publicada el 25 de mayo de 2021, contrasta los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad (Sesnsp) que de enero a abril reporta que se cometieron en el país 311 feminicidios, con los del estado. Una lista encabezada por el Estado México (48) y que tiene a Tamaulipas sin un reporte de feminicidio. Ante esta realidad, Aleida Candiani, del Frente Feminista Tamaulipeco (FFT), señaló que las estadísticas revelan que no se está siguiendo el protocolo de feminicidio y como resultado no se hace visible esta problemática en la entidad.

“Tiene que ver con el proceso de judicialización de los casos, a veces por no batallar, por no comprender cuáles son las causales de género, qué significa asesinar a una mujer por el solo hecho de ser mujer, es que se tienen esas cifras”, manifestó Candiani a Gómez.

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En Matamoros, Leslie Bazaldúa Zamora, una de las coordinadoras del  grupo feminista matamorense Xolotl, que desde 2014 realiza cada año una serie de actividades para visibilizar la lucha feminista además de protestar por los persistentes casos de abuso, violencia o feminicidio, reafirma las palabras de Candiani. “Las autoridades, que nos deben proteger, no hacen nada realmente”, señala Leslie. “El sistema no favorece el proceso, ni siquiera hay datos; no les interesa. Hay muchos casos que no le toman importancia o quieren convencer a la víctima de que fue su culpa. Por eso hay mucha gente que decide no denunciar, porque sabe como funciona esto, y también por miedo”. 

En esta realidad la conciencia que tomen los propios hombres es determinante para este proceso de cambio, puntualiza. “Lo más difícil es empezar, es dar el primer paso. Eso requiere de darte cuenta que estabas mal, de arrepentirte por cosas que estabas haciendo, que no te dabas cuenta que estabas contribuyendo a un tipo de cultura no buena para la convivencia, discriminatoria. Parte de la responsabilidad de los hombres es investigar por ellos mismos, especialmente escuchar. Tienen que desarmar cosas que les armaron en su cabeza por generaciones. Pero todavía hay gente que se rehusa a aprender o desaprender.”

El enfoque de Xolotl es buscar el cambio a partir de lo social y cultural. "Principalmente, queremos llevar una mensaje mediante la cultura. Porque podemos cambiar miles de leyes, pero si no cambias la mentalidad y la socialización de la gente no habrá un cambio efectivo.” 

En Matamoros no solo Xolotl desarrolla una permanente actividad, con el paso de los años se han unido a este movimiento: Más humana, más humano; Matamoros feminista, Frente Feminista Radical Matamoros, Colectivo Feminista Matamoros, y Cúrcumas, así como el Centro de Orientación y Apoyo a la Mujer, que nació en los años 90s. 

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El grupo que teje esa mañana en el patio del centro histórico de Matamoros conoce bien a Leslie, con quien coinciden casi cada jueves en las rodadas del grupo ciclista Doble Rueda. Esta organización comunitaria que nació en 2013, en medio de uno de los momentos más crudos de la violencia en la ciudad y el país dentro del periodo de la llamada Guerra contra el narco, organiza una rodada en marzo por el día de la mujer en coordinación con Xolotl así como una rodada por la inclusión.

 

Rodar se ha vuelto un vehículo para abordar también estos temas mientras trazan nuevos caminos a lo largo de la ciudad. 

Rodar se ha convertido en una forma de tejido. Un hilo que para julio de 2021 ya había sumado 368 días-hilos anudando una nueva forma de encontrarse.

Doble Rueda y Xolotl son dos proyectos que, desde la comunidad, buscan generan espacios de encuentro y de visibilización de las problemáticas que enfrenta la sociedad. Ocupar los espacios para poner en el centro una problemática a contracorriente de la narrativa oficial.

Ambos creen en la importancia de imaginar una nueva ciudad, tejida en la recuperación de la conciencia común. 

Las organizaciones van encontrando que sus búsquedas son similares, en un entorno que suele ser restrictivo y violento. En manifestaciones o encuentros culturales, cruzando las calles mal iluminadas en grupos solidarios de ciclistas, pegando carteles o difundiendo en las redes los eventos, protestas o problemáticas, no pocas mujeres y hombres van tejiendo lazos que reconstruyen la posibilidad de lograr avances en lo que realmente importa, poder vivir y convivir en la comunidad. 

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Tejer podría parecer un acto sin mayor trascedencia. Pero abordar una acción que suele vincularse con una actividad de mujeres revela uno de los muchos prejuicios latentes en la comunidad. Posiciones que se va aprendiendo desde la infancia, en la familia, la sociedad y a través de los medios de comunicación.

 

La división de actividades por sexos es establecido por un sistema patriarcal que se beneficia de la impunidad y el privilegio. Este tema lo ha investigado Oscar Misael que, además de tejer esa mañana, ha estudiado el tema de la masculinidad en Tamaulipas. 

Investigador del Colegio de la Frontera Norte, Oscar Misael identificó mediante un estudio etnográfico desarrollado en 2009 en Ciudad Victoria que el trabajo es un punto de construcción de masculinidades. Cuando los hombres suelen quedarse sin empleo y son las mujeres quienes asumen ese rol en la familia, se genera un conflicto de competencias y una necesaria negociación. Ser proveedor se asume como un ámbito masculino y una actividad cultural que refuerza una identidad.

Esta realidad se puede observar también en ciudades donde la mujer se ha integrado firmemente al ámbito laboral, como en la frontera, lo que pone en crisis esta identidad de género, pues la mujer logra una independencia que le da mayor autoridad y movilidad. 

Que el hombre se quede en casa y que contribuya desde un ámbito que antes se pensaba solo para la mujer, genera nuevos roles y entendimientos de los mismos. Algo que pone en conflicto patrones aprendidos y abre nuevas perspectivas de colaboración y de participación en el hogar y en la comunidad.

“Destejer lo aprendido, señala Oscar Misael, es parte de este cambio”, si se quiere asumir un nuevo rol y una nueva convivencia.

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Mientras se teje, los estereotipos se van abordando. Heriberto refiere a aquel que dice que “Calladita te ves mas bonita” y que, en su revés, puede entenderse porque en México se registran cada día diez  feminicidios.

Las palabras no son inocuas. Con ellas se construyen realidades y se entiende el mundo. Todos los días nos relacionamos con una estructura hecha de palabras. Estas tienes un anverso.

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A las mujeres no hay que entenderlas, hay que quererlas

 

En los primeros seis meses de 2019 más de 6 millones de mujeres en México fueron víctimas de acoso sexual, hostigamiento sexual, abuso sexual, intento de violación y violación

El patriarcado también afecta a los hombres. El tema se platica al rededor de la mesa. Es algo que no se conoce o no se aborda entre los hombres. Pero las estadísticas son contundentes:

Por cada mujer, cinco hombres se suicidan en México. 

 

A partir de los los 60 años, la mayor incidencia de muerte entre los hombres es por cáncer de próstata.

 

En el primer caso, los hombres no son propensos a mostrar sus

emociones o pedir ayuda en caso de depresión. Se guardan sus problemas y crisis, que se ven como algo “de mujeres” y como una debilidad. Los hombres no sufren de nervios o de ansiedad. El resultado es una crisis con una salida trágica. En contraste, las mujeres son mas propensas a compartir sus emociones, manifestar sus crisis y buscar atención especializada. 

Asimismo, muchos hombres aún consideran como una vergüenza ser auscultados por un especialista. Por ello acuden de manera tardía al médico y ya cuando el cáncer se ha manifestado o se encuentra en un estado muy avanzado. Si bien la mayoría de estos problemas de salud tienen un remedio si detectan temprano, no acudir a revisiones periódicas alejan la solución. 

Los hombres no lloran

 

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Tanto a nivel mundial como en México, la mayoría de las personas que se suicidan son hombres (4.6 hombres por cada mujer en nuestro país). Los hombres recurren menos que las mujeres a pedir ayuda.

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La maquiladora Shumex se encuentra al oriente de Matamoros, cuando uno toma el camino que lleva a la playa Bagdad. En una pared que conecta una de las áreas de ensamblaje de la fábrica con los sanitarios y el cuarto de capacitación, se encuentra montada una parte resumida del proyecto “Él teje y desteje lo aprendido”.

Una de las piezas es la publicación Revés, la cual se puede leer como parte de la exhibición. Una obrera se detiene y hojea el folleto tamaño media carta, que sobresale por su portada de un intenso amarillo. En breve tiempo que tiene lee algunos de los estereotipos, para luego regresar a su línea de producción. Detrás de ella llega Rubén, quien se retira por un instante sus lentes de seguridad para apreciar el cartel que muestra a un hombre tejiendo. Sus ojos se abren con cierto asombro y parece reflexionar. "Mi marido debería tejer", le dice una obrera a su compañera, mientras ríe.

 

Si bien el 50 de la fuerza de trabajo en la industria maquiladora en México corresponde a las mujeres, en general su participación laboral en 2019 fue de tan solo 45 por ciento, comparado con 77 por ciento para los hombres, mostrando una brecha de 32 por ciento, según cifras de la Oficina de la Naciones Unidas en el país.

 

"Si las mujeres participaran a la misma tasa que los hombres, el ingreso per cápita sería 22 por ciento más alto, mucho más de lo que se ve en otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)", vislumbra el reporte de la ONU México en diciembre de 2020.

Detrás de un gran hombre hay una gran mujer

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Las mujeres acceden menos al mercado laboral en México pues destinan más tiempo a actividades domésticas y de cuidados, en comparación con los hombres.

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Si bien la decidida y permanente lucha de las organizaciones feministas por hacer visible la dramática realidad de la mujer en México,  la situación en general es a contra corriente, lo que se puede leer de manera evidente en las redes sociales. Las publicaciones machistas, la relativización o justificación de las actitudes abiertamente misóginas, o el silencio complice, es el espejo de lo público y lo privado. En este panorama nacen algunos colectivos de hombres que asumen su responsabilidad y que, no sin dificultad y desdén de sus pares, van sumando posiciones y generando diálogos.

Entre las organizaciones que trabajan en este sentido en el país se pueden mencionar: Cómplices por la igualdad (Menengage México), Cómplices del XXI, Menengage Latinoamérica, MenCare, EME Masculinidades y Equidad de Género, y la Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres (AMEGH), entre otras.

 

Por ejemplo, Cómplices informa que "tiene como principal objetivo, involucrar a los hombres en la construcción de la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres". Estas iniciativas muestran como los hombres se pueden organizar y asumir su responsabilidad, pasando de victimarios o espectadores a actores por un cambio. 

Cuando ya casi atardece y su bufanda empieza a tomar forma, lo que manifiesta con su suave concentración, Heriberto se refiere al pacto de silencio: “Los hombres nos protegemos entre nosotros. No queremos ver lo evidente y preferimos callar por comodidad o por no ser señalados”. Sus compañeros parecen interiorizar sus palabras. Óscar Misael asiente. Ellos, como Omar, como Andrés, Pablo y Andru, han decidido esa tarde ser actores de esta realidad, sentarse a tejer para destejerse.